El Asesinato de Julio César

Por toda la grandeza y la gloria que acumuló Julio César, era de esperarse que los intereses de otros le dieran fin a su campaña. Su asesinato puso fin también a toda una era en Roma y en la historia del mundo.

El Asesinato De Julio César
Imagen: El Asesinato De Julio César de Vincenzo Camuccini

Los celos fueron enfermizos en su contra y sus rivales comenzaron a pensar que las verdaderas razones de su poder eran que él quería ser coronado Rey. En aquella época, los romanos aborrecían el solo nombre de rey, debido a su pasado tormentoso en la monarquía y su ya soberano Estado por quinientos años seguidos. Pero había ya indicios de que César deseaba el Poder Real y es probable que haya realizado un plan para este objetivo.

La Dictadura

En nuestros días la palabra dictador tiene una connotación negativa, llena de autoritarismo y prepotencia. Sin embargo, durante la época de la Roma antigua, ser Dictador era más bien un cargo que otorgaba autoridad a una persona en los momentos de crisis durante un máximo de 6 meses. Aunque, Sila, un gran detractor de Julio César abolió la ley que limitaba este período y se autoproclamó dictador perpetuo.

César había logrado su causa con mucho éxito, sus triunfos militares y políticos eran noticia en Roma a pesar de que él estaba lejos, ya que sus oficiales regresaban victoriosos y se convertían en gobernadores de las provincias conquistadas. Así que las autoridades en Roma, lo eligieron como dictador, incluso cuando se encontraba en campaña. Y eligió a Marco Antonio como su segundo al mando o, llamado en esa época, Magister Equitum.

En Roma existían muchas estatuas de reyes que se erigían para admirarlos y rendirles respeto. Pues en Roma despreciaban la autoridad de un Rey en su propio territorio, pero glorificaban los logros de los reyes fuera de sus dominios, en tanto no se metieran con sus dominios. Julio César, entonces pensó que era buena idea construir una estatua y ponerla entre las de los Reyes, bajo la aprobación de algunos y las murmuraciones de otros. En otra ocasión, el teatro de Roma tenía asientos especialmente preparados para los oficiales del gobierno para que se sentarán honorablemente, mientras que los asientos para los Senadores estaban más altos y se distinguían del resto; así que César hizo preparar un asiento para sí con muchos adornos de oro que lo hacían notar del resto. Lo mismo para su asiento en el Senado, tal y como se dispondría un trono para el Rey.

Del mismo modo, realizaba celebraciones en la ciudad por sus conquistas y triunfos. Una de esas celebraciones fue hecha invitando al Senado y a todo el pueblo para que lo homenajeara. Al entrar los oficiales y el Senado, César no se levantó de su pomposa silla, como si viera a todos por encima y rechazando una muestra de respeto a la que estaban acostumbradas las autoridades romanas. Aunque algunos rumores dicen que no fue decisión del propio César, sino de los oficiales que le rodeaban en ese instante.

Al poco tiempo de esto, durante su regreso luego de una de las celebraciones, las calles estaban amontonadas de gente y al paso del César por su estatua, un hombre puso una corona de laurel sobre la cabeza de la misma para honrarlo. Algunas personas empezaron a llamarlo Rex al verlo en las calles, ante el aparente disgusto del César que exigía ser llamado por su nombre. Este tipo de comportamientos fueron los que hicieron que se ganara el rechazo de algunos miembros del Senado y también del pueblo, aunque al mismo tiempo, hubo quienes incluso quisieron nombrarlo Rey de una vez por todas.

El Asesinato

La conspiración no se hizo esperar, ideada por Casio, que era partidario de los Optimates. Reunió a sus hombres de confianza y les propuso un plan para asesinar al César el día de Idus de Marzo. Un día que, según el calendario romano, marcaba los primeros quince días del año. Y durante la reunión, poner fin a la dictadura de César y empezar un Imperio que sería comandado desde Alejandría en Egipto.

Pero por obvias razones, Casio no podía ser el verdugo directo, nombra a Bruto como responsable del magnicidio. Marco Junio Bruto, había decidido no asistir ese día para evitar cualquier vínculo con el crimen. Pero Casio argumenta que igual pueden obligarlos a asistir por ser ambos pretores, a lo que Bruto respondió que prefería morir antes de ver cortada su libertad ante tal ley propuesta. Finalmente Casio convenció a Bruto a través de su elocuencia.

El plan comprendía un ataque directo al César durante la misma reunión del 15 de marzo, aunque Casio pensó en la razón de salvar a la República, en realidad hubo un sinfín de razones que estaban relacionadas con lo pasional. El total de conspiradores era numeroso, aproximadamente de unos sesenta, y su expiación consistía en que los testigos del magnicidio se declaren en solidaridad de aquellos que lo perpetren.

Llegado el día, algunos trataron de advertirle sobre el peligro, pero el grupo de conspiradores lo interceptaron y lo llevaron con engaños a una sala contigua al teatro de Pompeyo. Allí le entregaron una petición falsa y durante su lectura, uno de los asistentes lo violento al tomar su túnica y halarla con fuerza, lo cual enfureció al César y lo confundió, debido a que su altísimo rango lo hacía intocable. No falto mucho para que lo apuñalaran en el cuello, a partir de aquello, el ambiente fue de tensión y violencia. Julio César recibió 23 puñaladas que terminaron con su vida.

Secuelas del Asesinato de Julio César

César se convirtió en un mártir y todos los emperadores que le sucedieron, fueron llamados así. El calendario romano pasó a convertirse en el calendario Juliano, cuyo séptimo mes fue nombrado Julio en su honor. Y finalmente, la mayor de las consecuencias fue el enfrentamiento entre César Augusto y Marco Antonio que daría fin a la República de Roma y dejaría a César Augusto como su primer Emperador.

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